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miércoles, 14 de julio de 2010

L’après-midi



No me mientas.

Aquel haz de luces que pernocta en el triángulo de tus manos,
aquellas noches de lobos enjaulados y partidas kamikaces.

-Por favor-
Vos devolvele la espera al ángel
que yo voy a poner la pava por enésima vez.

Y mientras tanto leé.


Sobrarán más de aquellas camillas vacías
que de tanto limar la pared se habrán cremado las uñas,
habremos de encontrarnos después de vomitar el reloj
y aún así se desnudarán los tréboles antes de mí,
para no desfigurar el rostro enajenado de una púa.

Pero sabe a ceniza el índice mendigo,
reniega de mi dosis aseverante,
cinco centímetros cúbicos de muerte cada dos días
una pirueta insolente que se revuelve en el alma de una piedra
dos más de aquellos azulejos empañados para mirar
en una colección misogénica de saber que ya no lo sos.

Y yo me arrastro a la bitácora del cartonero,
confundiendo mostradores con entuertos
palidez siniestra de un verbo electrocutado
en la suma de ceros disfrazados de tu madre,
en la lúdica astucia redondeando tu mentira perfecta
que vuelve para entrometerse en la rueda adyacente al purgatorio.

Locura de desayuno,
duendes descalzos que muerden mis zapatos,
dos o tres vasos más altos que yo abrazándose en la bacha
donde la mulatona insulta y destiñe el presagio.

Mi amanecer de partidas en el croupier del Moulin rouge
conmutación de incesto en un blando espejo,
en la misma taberna donde bebe el diablo y se aparean las vocales
justo antes de escupir los despojos de tu avión suicida
me ciño el tracto de tu minotauro en mi laberinto de alambres
y arrojo el enigma viscoso para que siempre sea abril
aunque los difuntos taimados se enfaden.

1 comentario:

  1. !que hermetismo tan delicado, se me parte la caja fuerte del cerebro!!

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