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lunes, 25 de marzo de 2013

Nanai

Escuchá las voces que te dijeron todo el tiempo que las costillas de las libélulas fueron cruciales y que el lugar donde anidaban los dioses era ese pedazo de nada que nos dejó la inminente sutileza del manantial cosmopolita de la seducción agazapada parecida a un astronauta extraviado en un billar.

No gravita.

Quieroquesepasquelalocuraautomáticaquemeprovocaladespedidaseasemejamuchoatuscigarillosatados.

Leeme las manos.
No queremos ser esas dos caricaturas enajenadas
en el Santísimo Cristo de la Misericordia.
No, no.

Caí otra vez en la huelga de la aventura
parche salvaje a la comisura del instante.

Me declaro culpable,
soy reciclable
dame un pronombre.

Nadie lloró tanto con la voz hecha gusanos
entre las hostilidades de dos ceniceros
vestigios forenses en la ausencia de Clonazepam.

Soy esta y soy aquella,
me duelen los barrotes de sal
los aviones de papel
la crudeza de los amantes matutinos.

Y vuelvo a celebrar el pudor del caos
en la ecuación imprudente,
recta horizontal
poema sin gloria.

Efecto Mariposa:
Si te vas ahora me tenés que pagar.

Blanco & Negro


Voy a perder esta vez, sólo para reencontrar tu fe
cuando las banderas estallen en mi manos.

Lamentar tus partículas grises,
los panes que caen tibios sobre tu quietud de avellana
y todo lo difuminado en los gritos de abril.

.Soy inocente.

Marioneta tiesa  de discurso punzante
lagrimales colapsados de papel couché
en un  febril peregrinaje al Asteroide 326
por la teoría enferma que acelera el ritmo
sobre tu voz erguida en el ombligo de la noche.

Voy a subir al púlpito donde se rematan los renglones oscuros,
los inhóspitos gemidos en los rincones
donde nunca hubo un amor
o una mentira que lo consuele.

Allí, donde el milagro de mi nombre incubándose en tu lengua
despliegue las notas que mi latitud vencería,
allí te veré.

Y volveré.

Volveré a dormitar oyendo tus pasos en los escalones de la eternidad.

Al tal vez, nunca.

Eclipse


Ha encontrado la partícula del pobre diablo.

Ha sabido enceguecer el minuto
y deshojar la intrépida caída libre
entre los espirales de humo que desgarran su nombre.

En una procesión febril nos acosa cuando todos callan.
Rezo inoportuno a la subasta pasajera en las patas de la cama
por un minuto, un pellizco de mi realidad.

Para saber lo que ha creído estremecer
esas manos no volverán a tocar el instante
la ironía gris de una escalera en desuso.

Mejor te vas,
Mejor te vas de mí
para que los fantasmas hagan su labor
encajando piezas en la superficie de las palabras.

No.
Ella duerme en la madeja sin ovillar.
Atizará la noche. Noche de ojos sin colores.
Morirá. Al igual que la última. Muerta
intentando encontrar portales en la boca de la tormenta.

lunes, 20 de febrero de 2012

Simulacro

Las piedras están desordenadas
y no me importa.

Eso es bueno.

La latita dice "Arroz".
Bajo sus ruedas cantan Heredia
y un hombre con muchos ojos.

(Cada pared sabe algo sobre moscas,
yo me sé el estribillo
igual que vos).

Hay un agujero en el tango.
Son las notas,
son las doce,
mañana laburo temprano.

Quise escupirte y volé
sobre las tumbas de los animales
que mamá me dejó esperar.

Sapo por pelota
grillos por sapos
bichitos de luz
flechitas.

Pero subo,
muerdo,
araño,
para ser siempre esa piba
a la que le crecen giles en el pelo.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Palabras



Todavía reemplazo el pan por cicatrices,
acaso para que vos y tus amígdalas
destronen el ocaso de las pupilas.

Si hubiera manera de envolver el invierno
y desencajarlo de tus labios
muñidos de planetas que no me rigen
arrastraría mi cadáver a tu chimenea
para brindar con ron y clavos.

Aprendiz de mañanas y cardos en el pecho,
de coronas pasajeras que irradian souvenirs,
ahora que todo está muerto
el gorgoteo del silencio me reúne en sus laberintos,
en el arenero minúsculo que acarrea en un bolsillo,
donde vivimos mi alma y yo,
decididamente sin hablarnos.

Son las nueces enjauladas en tu reloj,
las setecientas cadenas que someten al molino,
cada retazo de patria que anida en tus manos silenciosas
cuando los ojos de los tristes se deshacen en la autopista.

Porque abrir la mirada es acuchillar la mañana
urgente de escaleras y trapezoides indignos,
para que la tos y los espejos
me nutran de testamentos nocturnos
abriéndole las venas al espantapájaros que me persigue.



Poema de la semana